7 de febrero de 2017

La reacción liberal al keynesianismo y las propuestas de reformas(II)

Durante las décadas de los años 50 y 60, y, hasta el año 1973, se produjo un enorme crecimiento económico sin precedentes. Tanto su éxito como su fracaso posterior, no se debe al keynesianismo ni al Estado de bienestar. Desde el fin de la II Segunda Guerra Mundial, los países europeos se beneficiaron del acuerdo de Bretton Woods, la integración de los mercados europeos, las ayudas del plan Marshall y las transferencias tecnológicas desde EE.UU. Antes de la crisis del petróleo de 1973, las economías norteamericana, japonesa y europea estaban muy próximas. Sin embargo, el fin de la expansión y el endeudamiento de los Estados, hizo patente las debilidades del keynesianismo. Pero, no fue, con el embargo del petróleo por parte de la OLP a causa de la guerra Yom Kippur, cuando el precio del petróleo creció de 3 a 14 dólares por barril. Se descartó las políticas de estímulo de la demanda y se comenzó a defender políticas de oferta, es decir, reformas de liberalización que consiguieron aumentar la producción a través de la eficiencia. Se empezó a valorar la microeconomía frente a la macroeconomía que estudiaba que incentivos hacían que aumentará la producción. También, se prestó una mayor atención a la teoría del crecimiento económico y a cómo se mejora la productividad del trabajo y el capital a través de la formación y la tecnología.

Cada una de estas adversidades creó un clima desfavorable para el Estado del bienestar y sí favorable para la ideología (neo)liberal de la mano de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan. Ambos querían recluir la importancia del Estado de bienestar y "retroceder" las fronteras del Estado del bienestar. Las nuevas ideas (neo)liberales tuvieron una plasmación en la distribución del gasto social y en el cambio de la política económica. Respecto al gasto social, el Estado del bienestar británico comenzó a controlar el gasto público durante el crecimiento económico y la supeditaba al crecimiento de los precios. Respecto a lo segundo, el cambio de la política económica, el principal elemento fue la reducción del papel del Estado como protector. Inició una campaña de privatización de las principales compañías y empresas públicas británicas. Además, redujo la carga financiera del Estado, permitiendo el acceso a otras fuentes de financiación a las empresas. Ciertos servicios sociales que aún eran públicos, es decir, que eran financiados y proveídos por el Estado, se convirtieron en una especie de "cuasi-mercado" en que ciertos servicios sociales- cuidado de ancianos, vivienda social,...- fueron financiados por el Estado pero se puso en manos del sector privado. El gobierno de Thatcher abrazó las políticas de oferta, dejando a un lado definitivamente las políticas fiscales keynesianas. Redujo drásticamente el crecimiento de la masa monetaria en circulación para controlar la inflación. La reducción del déficit público fue la estrategia escogida para combatir la inflación. Consiguió reducir la inflación de un 13,4% a los 4,6% en cuatro años. Mientras que el desempleo, subió del 4,7% al 11,1%. No se sabe si esta subida se debe a la segunda crisis del petróleo- 1979- o a la política monetaria contra la inflación. Respecto a la políticas de oferta, Thatcher planteó una reducción de los tipos marginales del impuesto sobre la renta tanto en el tramo alto como el bajo.

En EE.UU, con la presidencia de Ronald Reagan, se aplicó una política severa de recortes del Estado del bienestar en tres ámbitos: el seguro de desempleo, ayudas a familias con niños dependientes y en los programas de construcción y rehabilitación de viviendas para personas con bajos ingresos. Respecto a su política económica, su actuación no fue monetarista como la política thatcheriana sino más bien optó por mejorar la gestión de la Reserva Federal así controlar mejor la evolución del crecimiento económico, lo que produjo la reducción de la inflación. Por otro lado, el déficit público no dejó de subir durante los años 80, en parte por los recortes de impuestos recomendados por las políticas de oferta monetaria, y, la reducción de los tipos marginales de los tramos más altos y más bajos.

Las reformas de la década de 1980 tuvieron un primer impacto en la transformación del Estado del bienestar en un sistema mixto en el que los servicios eran proporcionados tanto por el Estado como por el sector privado. Sin embargo, el Estado del bienestar se está enfrentando a nuevos retos, como eran la nueva sociedad postindustrial, envejecimiento demográfico, incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, para los que no servían las soluciones anteriores. En resumen, hubo un proceso de reconsideración del gasto social en su conjunto y del progresivo abandono del keynesianismo tanto de los gobiernos socialdemócratas en Europa como del partido demócrata en Estados Unidos. 

25 de enero de 2017

La reacción liberal al keynesianismo y las propuestas de reforma(I)

El segundo capítulo del libro, ¿es sostenible el Estado de bienestar?, la reacción liberal y las propuestas de reforma, se centra fundamentalmente, en una primera parte, en la Gran Depresión y en el New Deal así como la entrada del liberalismo contra la intervención del Estado en la economía, y, en una segunda parte, en la figura de Milton Friedman y su oposición al keynesianismo.

En Estados Unidos es donde han surgido las críticas más importantes al Estado del bienestar tanto en el ámbito teórico como en el ideológico. También, es donde surge el New Deal un programa social que constituyó una especie de "Estado del bienestar" anterior al Estado del bienestar. Aunque, el New Deal fue una medida extraordinaria como respuesta a la Gran Depresión, a un suceso extraordinario. El crash de 1929 tuvo consecuencias devastadoras para Estados Unidos que se prolongó hasta finales de los años 30. En 1933, Roosevelt impulsó un programa de intervención del Estado en la economía, el New Deal. Fue un éxito desde el punto de vista económico, el PIB de Estados Unidos creció. En el ámbito social, Roosevelt promovió una transformación total del sistema de bienestar norteamericano. Antepuso la administración federal a las administraciones locales y de los estados, acabando con el despilfarro. Entre 1933 y 1935, entró en vigor la Federal Emergency Relief Administration y se promulgó la Ley de Seguridad Social. Se creó para hacer frente a los jubilaciones y gestionar el seguro de desempleo. El New Deal fue un programa que pretendía planificar el funcionamiento de los principales sectores de la economía norteamericana y encontró resistencias tanto en el ámbito conservador como liberal. Roosevelt centró su principal atención sobre el sector financiero. Sacó a Estados Unidos del patrón oro en 1933. Al abandonar el patrón oro, la Reserva Federal pudo imprimir todos los billetes que quiso. El valor del dólar se garantizaría a través de los títulos de deuda pública del Tesoro americano, es decir, la credibilidad de su economía. La intervención del Estado también se trasladó en los sectores agrícola, industrial y obra pública.

Los primeros economistas contrarios a las políticas del New Deal fueron los de la Universidad de Harvard denominados, los Siete Sabios, que criticaban el intervencionismo del Estado y alentaban sobre la ineficiencia de la planificación en la economía. La mayor preocupación de los Siete Sabios era el efecto de la planificación sobre el sistema de precios y sobre los efectos en las decisiones de las personas a la hora de decidir qué hacer con sus recursos. El New Deal no podía poner de acuerdo a la oferta y a la demanda. Sin embargo, en la segunda mitad de la década de los  años 30, la Universidad de Harvard tomó la dirección contraria. Fue, paradójicamente, en esta universidad donde se expandió el keynesianismo en EE.UU de la mano de Alvin Hanlen. La oposición al keynesianismo y al New Deal fue desapareciendo de la universidad. El liberalismo fue recluyéndose y su resistencia numántina se trasladó a la Universidad de Chicago. Entre los economistas liberales, quien mejor organizó la resistencia al keynesianismo y a la economía planificada, estaba el economista austríaco Friedrich Hayek. Ferrio partidario de la descentralización y firme defensor de las libertades individuales, estaba en contra de la planificación económica. No obstante, no era partidario de la desaparición del Estado porque podía cumplir con algunas funciones como favorecer el libre mercado, eliminar monopolios o cuidar del medio ambiente. Friedrich Hayek junto a la Escuela de Chicago fue quien mejor organizó la resistencia al programa keynesiano y sus políticas en EE.UU y quien posteriormente replantearía los principios y postulados del liberalismo.

Como hemos dicho antes, la gran resistencia al keynesianismo fue en la Universidad de Chicago. Henry C. Simons formó en los años 40 a estudiantes seguidores de la economía neoclásica que defendía el libre mercado y que oponía a las políticas intervencionistas del Estado en la economía. Entre estos alumnos estaba Milton Friedman, futuro premio nobel en 1976 y principal figura de la Escuela de Chicago. Friedman puso su talento al servicio de la defensa del libre mercado y fue el principal responsable en el descrédito del keynesianismo a finales de los años 60. Friedman centró su crítica al keynesianismo en dos frentes: la cuestión monetaria y la formación de expectativas. Esta última es donde reside fundamentalmente la gran discrepancia con el keynesianismo. Mientras que, Keynes creía que, las expectativas sobre el futuro eran la causa de que hubiera menos bienes necesarios para alcanzar el pleno empleo, y, por tanto, defendía que el Gobierno imprimiera más dinero a pesar del riesgo a la inflación, por tanto, existía una relación inversa entre inflación y desempleo: un mayor crecimiento de los precios va acompañado de un menor desempleo, Milton Friedman creía que, las expectativas y las decisiones que tomaban las personas son racionales. Friedman rechazaba que el Gobierno utilizará la inflación como herramienta política. Estaba en contra de políticas monetarias expansivas porque los precios subirían sin fin, mientras que la economía seguiría estancada igual que el nivel de desempleo. Se produciría una situación de estanflación. Este fenómeno descrito por Friedman comenzó a experimentarse a partir de 1970. Cuando se produjo un crecimiento del nivel de desempleo con un nivel alto de inflación. Se agravó después de 1973 con la crisis petrolera. Esto produjo que se destruyera la credibilidad entorno al intercambio entre inflación y desempleo, tal como preconizaba Keynes. La duda se extendió a toda la política de estabilización y de estímulo de la demanda del modelo keynesiano, aupando las tesis de Friedman.

Además, de su contribución a la política monetaria, Milton Friedman se mostró en contra del Estado del bienestar y a favor de la sociedad. Escribió dos libros: el primero, capitalismo y libertad, en 1962 y el segundo, libertad para elegir, en 1980 donde expone sus argumentos en relación a ambas cuestiones. En ambos libros, defiende que el capitalismo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para la consecución de la libertad política. Defiende que quienes participan en el sistema capitalista demandarán tanto la libertad económica como la libertad política y que el capitalismo es el sistema creador de riqueza más eficiente. Respecto al Estado del bienestar, Friedman se mostró partidario de eliminar los programas de asistencia social y sustituirlo por un impuesto negativo.

5 de diciembre de 2016

Las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado de bienestar(II)

El impacto de las propuestas y del pensamiento keynesiano en la economía fue enorme así como los debates entorno a sus ideas. Muchos economistas neoclásicos intentaron reconciliarse con el keynesianismo. La tarea de divulgación y reformulación del keynesianismo fue acometida especialmente por dos autores: el británico John R. Hicks y el estadounidense Paul A. Samuelson. La principal aportación de John R. Hicks a la divulgación de la obra de John Maynard Keynes fue el artículo "El señor Keynes y los clásicos" en el que llevaba el keynesianismo a fórmulas matemáticas más digeribles para los economistas neoclásicos. Dicho artículo fue el que permitió el desarrollo del modelo IS-LM. Este modelo proponía dos herramientas a disposición del Gobierno para conseguir el pleno empleo: la política fiscal y la política monetaria. Con la política fiscal, a través del gasto del Gobierno o bien reduciendo los impuestos para que los consumidores tengan más renta disponible, se puede estimular la demanda de bienes de consumo. Con la política monetaria, se puede bajar el tipo de interés mediante la inyección de dinero, o hacerlo subir mediante la restricción de dinero. El tipo de interés influye en las decisiones de los consumidores y de los empresarios, puesto que el tipo de interés marca el precio del dinero, y, si este es bajo, los empresarios y consumidores se endeudarán para invertir y consumir, respectivamente. El modelo IS-LM fue una guía que se utilizó para aplicar las ideas keynesianas en el desarrollo de políticas dirigidas a la implantación y consolidación del Estado del bienestar.

La aportación de Samuelson fue la popularización del modelo IS-LM en el libro Economía en 1948. Samuelson hizó una síntesis entre los planteamientos de la escuela neoclásica y el modelo IS-LM de John R. Hich. Defendía la intervención del Estado en la política fiscal. También fue partidario de la intervención del Estado en el mercado porque éste era incapaz de proporcionar niveles de inversión que asegurarán el pleno empleo. Apoyó el Estado del bienestar y los programas de redistribución de la renta y la reducción de la pobreza. Samuelson era consciente que, para que hubiera pleno empleo, era imprescindible determinar cuánto produce la economía. La mejor herramienta era la política fiscal, es decir, la utilización del gasto público y de los impuestos para modular la actividad económica. Su apuesta por la política fiscal era por su convencimiento del papel del multiplicador keynesiano. El multiplicador keynesiano surge de una hipótesis sobre los consumidores: una persona no gasta la totalidad de su ingreso de cada mes en consumo sino una proporción fija, denominada "propensión marginal al consumo". Ahora bien, cualquier compra produce otros gastos posteriormente. En consecuencia, al final, se habrá multiplicado significativamente el gasto partiendo de un determinado consumo sobre la renta disponible. Los impuestos tenían un efecto sobre la renta disponible y ésta sobre el multiplicador keynesiano. Samuelson estudió los efectos del multiplicador keynesiano en el gasto público y aseveró que su existencia y su valor son determinantes para la eficacia del gasto público. Samuelson defendió los presupuestos públicos deficitarios. El presupuesto del Gobierno no debe estar siempre equilibrado sino en relación al ciclo económico, consecuentemente, aumentar el gasto público o reducir los impuestos con el objetivo de incrementar  la demanda efectiva cuando la economía está en la parte baja del ciclo económica, compensando el déficit resultante en la parte alta del ciclo económica con el objetivo de evitar un sobrecalentamiento de la economía, reduciendo la demanda mediante la reducción del gasto público o el aumento de los impuestos. El déficit público sería controlable gracias al multiplicador keynesiano. A las políticas, que se efectúan en la parte baja del ciclo económico se las llama políticas contracíclicas, mientras que, las políticas que se efectúan en la parte alta del ciclo económica se las llama políticas procíclicas. Por otro lado, Samuelson defendió que cuando existe desempleo suele producirse un fenómeno en relación al ahorro, la llamada "paradoja de la frugalidad", que reduce la demanda total de la economía con la consiguiente reducción de la renta disponible para ahorrar. En este tipo de situaciones, las personas retienen sus ingresos, el dinero no afluye a los mercados y la demanda de bienes se reduce en relación a la oferta, como consecuencia de esta paradoja, el gasto público puede cerrar la brecha entre demanda y oferta de bienes y alcanzar el pleno empleo. Por último, Samuelson defiende una concepción según la cual el dinero está mejor en manos del Gobierno, cuando se refiere al pleno empleo, reflejándose en la hipótesis del presupuestos equilibrado. Ello conlleva, que un presupuesto equilibrado, es decir, aquél en que los gastos son iguales a los ingresos, sea expansivo, y que se aproxima a una economía al pleno empleo.

Los efectos de las ideas keynesianas sobre la política del Estado del bienestar fueron enormes. El gasto público entre 1960 y 1980 creció en diferentes países: Suecia, Alemania, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Hasta 1960, la recaudación fiscal de esos mismos países apenas rebasaban el 30% del PIB pero la necesidad de financiar este aumento del gasto público hizo que subiera. Al mismo tiempo, nació la llamada economía mixta: los Gobiernos utilizaban el gasto público como forma de estimular la actividad económica pero, también de satisfacer a una población que exigía políticas de bienestar. El Estado del bienestar alcanzó su madurez en la década de los 60. La cobertura de la protección social se hizo universal en la mayoría de países y se delimitó los ámbitos de actuación del Gobierno así como la sanidad gratuita y la ayuda a la compra de vivienda. Este crecimiento del Estado del bienestar obligó a aumentar el gasto público muy por encima de la recaudación de impuestos, lo que generó déficit público creciente, y, con ello, la necesidad del endeudamiento de los Estados para hacer frente a este gasto. Los problemas aparecerán, a principios de los 70, por el encarecimiento súbito del petróleo como materia prima. El resultado será el abandono progresivo de las políticas orientadas a la demanda, es decir, políticas de corte keynesiano, por políticas orientadas a la oferta. 

14 de noviembre de 2016

Las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado del bienestar (I)

El primer capítulo del libro ¿es sostenible el estado del bienestar?, Las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado del bienestar, vamos a subdividirlo en dos partes: I y II. En la primera parte, hablaremos sobre los estudios económicos del Bienestar y, en la segunda parte, sobre el desarrollo y la madurez del Estado del bienestar. 

La doctrina económica que inspira al Estado de bienestar es el keynesianismo de John Maynard Keynes. Su tesis principal es que el libre mercado es incapaz de garantizar el pleno empleo, defendiendo la necesidad de regular el capitalismo desde la política del Estado. El keynesianismo surgió como reacción a la Gran Depresión. Pero, no fue, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se generalizó la convicción de que el Estado debía proporcionar a sus ciudadanos protección contra las adversidades económicas, lo que condujo a la creación entre 1945 y 1948, del primer Estado del bienestar en el Reino Unido.

Pero, ¿cuando y cómo surgió la necesidad de estudiar el Estado de bienestar? Los economistas fueron los protagonistas iniciales del estudio tanto del bienestar individual como del bienestar social. Se estableció un debate entre aquellos economistas que confiaban en que la libre iniciativa y el mercado resolverían por sí mismo el bienestar social, y los socialistas, que desconfiaban de la propiedad privada y de los capitalistas. En paralelo, a este debate, durante el siglo XIX, en el ámbito de la ciencia económica, coexistieron dos períodos: el clásico que arranca con Adam Smith hasta Karl Marx y John Stuart Mill y el neoclásico con las figuras de León Walras, William S. Jevons y Alfred Marshall. Este último período, la llamada escuela neoclásica de economía, surge apoyada por el positivismo- epistemología- y el utilitarismo- ética-. Pretendían incorporar la economía al positivismo y de esta forma explicar al ser humano y sus acciones así como sus consecuencias e interacciones al modo como se hacía en las ciencias naturales. Esta pretensión de transformar la economía, como si fuera una ciencia natural, tiene una gran importancia para entender cómo se ha concebido y estudiado el bienestar desde la economía. Por su parte, el utilitarismo cree que el objetivo último de las acciones humanas es aumentar el bienestar y evitar el dolor y el sufrimiento. Las acciones humanas se orientan hacia una mayor satisfacción personal o "utilidad", de ahí, el nombre de utilitarismo. Este modelo de ser humano contenía un "problema técnico": ¿cómo concebir un modelo de ser humano que puede ser expresado mediante una ecuación matemática? El neoclasicismo creó la figura del "homo economicus". ¿En qué consistía el homo economicus? Podríamos definirlo como a una persona que, teniendo como objetivo único alcanzar la mayor utilidad posible, es capaz de determinar cuánta utilidad le proporciona la combinación entre bienes y servicios que tiene a su alcance y decidir cuál es la mejor combinación entre sí. El homo economicus fue utilizado por los economistas para realizar experimentos en los que un homo economicus era colocado ante diferentes alternativas y escoger aquella situación que proporcionará mayor utilidad, o sea, mayor bienestar. Los economistas neoclásicos concluyeron que el bienestar era el resultado de la utilidad del consumo de bienes y servicios. A partir de ahí, se podía establecer diferentes políticas en función de la utilidad- es decir, del mayor bienestar- que aportan.  La escuela neoclásica concluyó que el mercado conducía a situaciones de equilibrio en las que el bienestar era el máximo posible. Tanto esa tendencia del mercado al equilibrio como la reducción del comportamiento al hedonismo fue criticado por el economista John Maynard Keynes.

John Maynard Keynes, durante la Gran Guerra y los años 20, observó que existía rigideces entre las instituciones y los diferentes actores económicos- inversores, empresarios, trabajadores- a la hora de que los mercados alcancen el equilibrio entre la oferta y la demanda. La constatación de estos hechos hizó que Keynes propusiera un control de ciertas actividades económicas de manera que fuera compatible con las libertades de las sociedades democráticas. Para Keynes, el desempeño correcto de la economía era aquél que garantizaba el pleno empleo. Durante los años 30, dos cuestiones fundamentales fueron: cómo reducir el desempleo y cómo financiar los seguros de desempleo. Junto a estas preocupaciones, Keynes abandonó el utilitarismo como medio para explicar el consumo. Creía que además del hedonismo también el error, la falta de previsión, la generosidad o la extravagancia estaban detrás del consumo. Y, por tanto, la máxima utilitaria no podía explicar todo el consumo.

Como consecuencia del crash de 1929, el PIB de EEUU se redujo más de un 44%. En 1933, se alcanzó la cifra del 25% de desempleo sólo en EEUU. La administración de Hoover no adoptó ninguna medida extraordinaria. No es hasta la presidencia de Roosevelt cuando se adopta el New Deal que es considerado como uno de los hitos más importantes de la historia del Estado del bienestar. Con su libro, la teoría general, John Maynard Keynes quiso dar una respuesta a las crisis recurrentes del sistema capitalista para las cuales la escuela neoclásica no parecía tener solución. En su análisis, Keynes otorga a los consumidores y a los empresarios el peso de la actividad económica. Para Keynes, la causa principal de los fallos del sistema de libre mercado son la toma de decisiones que se basan en el conocimiento del pasado. Por este motivo, el resultado de nuestras acciones es siempre incierto. Los consumidores eligen qué parte de sus ingresos dedican a consumir y qué parte no. Mientras, que la parte del consumo está determinado por el nivel de renta y las preferencias, la segunda, la parte que no se consume, plantea un dilema. El consumidor tiene dos opciones: ahorrar o mantenerlo "ocioso" en su bolsillo. El ahorro privado consiste en otorgar préstamos a algún empresario a cambio de un interés. El tipo de interés sería la oferta que se le hace al consumidor para que se lo preste a un empresario para que éste asuma un riesgo con la inversión. La motivación de los empresarios para invertir se basa en analizar el coste de emprender una actividad y las expectativas de ganancias futuros procedentes de la inversión.

Sin embargo, para Keynes el comportamiento económico no puede explicarse únicamente a través de la racionalidad sino que hay que contrapónerla con aspectos más irracionales a la hora de tomar decisiones tanto económicas como no económicas. Además, estos componentes no racionales se "contagiaban" rápidamente de un individuo a otro y tendían a reforzarse. En situaciones de incertidumbre o inestabilidad, el comportamiento tanto de consumidores como de empresarios es económicamente ineficiente. El "atesoramiento" del dinero por parte de los consumidores es debido a la incertidumbre que provoca la demanda de bienes sea insuficiente para cubrir la oferta. Por su parte, los empresarios pueden reducir la inversión en capital y mano de obra más allá de lo deseable. El resultado es una demanda insuficiente de bienes, capital y mano de obra. Esta debilidad de la demanda agregada provoca una reducción de la producción total de bienes y servicios. Al ser, el resultado de decisiones libres entre consumidores y empresarios, suele perpetuarse dicho desequilibrio entre la oferta y la demanda, en lugar de, como sostiene la escuela neoclásica, alcanzar en algún momento el equilibrio. Para Keynes, el principal problema del capitalismo liberal es, que un contexto de incertidumbre, se deje al mercado actuar libremente respecto a las decisiones de inversión. Keynes apuesta porque sea el Estado quien tome las decisiones de inversión ya que está en mejores condiciones para asumir y gestionar el riesgo en beneficio del interés público. Estas inversiones productivas del Estado permitirían cerrar la brecha entre la demanda y la oferta agregadas, asegurando el pleno empleo en cada coyuntura económica.

Keynes también crítica la política monetaria expansiva en un entorno de bajos tipos de interés. Al imprimir más dinero y ponerlo en manos de la gente, aumentará la demanda de bienes en la economía. Lo que provocará un aumento de la inflación. En consecuencia, si aumenta la cantidad de bienes, disminuye su valor. El dinero también es un bien. Y como tal, disminuye de valor lo que equivale a decir que con la misma cantidad se compran ahora menos cosas, un efecto equivalente a una subida generalizada de los precios. Keynes contraargumentó que el beneficio de un aumento de la demanda, es decir, la reducción del desempleo, era mayor que el perjuicio de una mayor inflación, tanto una medida como la otra, tenían como finalidad estabilizar la demanda en las diferentes coyunturas económicas del capitalismo liberal. Se aseguraría el crecimiento económico, y así, la mejora de las condiciones de vida y el bienestar de los ciudadanos. 

8 de noviembre de 2016

Introducción: concepto, crisis y retos del Estados del bienestar.

La Gran Recesión de 2008 fue un punto de inflexión al iniciarse un proceso de cuestionamiento de la viabilidad financiera de nuestro Estado de bienestar. No obstante, no era la primera vez que surgía este debate. Ya, en los años 70, con el aumento exponencial de la población mundial y las sucesivas crisis del petróleo, pusieron en aprieto al Estado del bienestar. Junto a estos fenómenos, la aparición de la contrareforma neoliberal liderada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que sostenían que los Estados de bienestar no eran capaces de generar la riqueza suficiente para financiar sus necesidades. Sin embargo, ninguno de estos malos augurios se han cumplido. El gasto social del PIB se ha mantenido estable en los países desarrollados. Ahora bien, no debemos bajar la guardia. Los retos del Estado de bienestar en el siglo XXI son muy distinto a los de la década de 1970. El actual Estado del bienestar tiene diferentes retos: de orden económico- mayor envejecimiento y bajo índice de natalidad-, de orden sociológico- cambios en el modelo de familia-, de orden supranacional- la globalización- y el fenómeno de la inmigración. Finalmente, hay que dar respuesta a la tendencia del Estado del bienestar a crecer cada vez más.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Estado del bienestar? Es difícil de encontrar una definición precisa. ¿Por qué? Por la sencilla razón, que no existe un único modelo de Estado de bienestar. No obstante, podríamos definirlo como un sistema por el que la administración pública, independientemente de quien gobierne, garantiza a sus ciudadanos un conjunto de servicios sociales básicos- sanidad, educación, pensiones, desempleo, minusvalía o acceso a la vivienda- para mejorar sus condiciones de vida y promover la igualdad de oportunidades. El mercado por sí solo no es capaz de ofrecer estos servicios básicos a un coste asumible. Estas limitaciones del mercado siempre han estado en el centro de la batalla entre los defensores y los detractores de la intervención del Estado en la economía. Dentro de los detractores, la crítica está en el terreno de los valores. La intervención del Estado es percibida como una invasión en el ámbito de decisión individual y acusa al Estado del bienestar de promover relaciones de dependencia de los ciudadanos con el Estado. El Estado de bienestar debe ser evaluado en función de su eficiencia y si cumple con sus objetivos.

El Estado del bienestar no siempre ha existido. El inicio así como su consolidación ha estado lleno de luchas, crisis y conquistas. No podemos hablar de Estado de bienestar hasta después de la Segunda Guerra Mundial en 1945, cuando se implantó en el Reino Unido, con el Gobierno laborista de Clement Attlee, el primer sistema de seguridad social y el primer sistema de sanidad pública y universal. Se estableció un pacto social que perseguía la igualdad de derechos y deberes de toda la ciudadanía y el reparto más equitativo de la riqueza generada en el Reino Unido. Tras éste, los diferentes países occidentales han adoptado el Estado del bienestar a sus particularidades culturales y sociales. Han intentado incidir sobre todo en 4 aspectos básicos: el paro, la jubilación, la desigualdad social y la pobreza, llevando al Estado a la necesidad de regular la economía.

A pesar de su éxito, el Estado de bienestar actual debe dar respuesta a los retos que le depara el futuro, haciendo necesario su reinvención. Una primera amenaza es la de su sostenibilidad por motivos demográficos. Una segunda amenaza es la globalización que provoca una competitividad creciente entre países. Una tercera amenaza es la crisis de 2007 y la crisis de la deuda soberana de la zona Euro que está castigando duramente el Estado de bienestar. Se trata de retos formidables que demandan soluciones imaginativas y audaces porque la sostenibilidad del Estado del bienestar depende de la cantidad de recursos que estemos dispuestos a destinarle y su viabilidad dependerá de, como ciudadanos, en qué tipo de sociedad queremos vivir. 

18 de octubre de 2016

Introducción a ¿Es sostenible el estado del bienestar?

El libro ¿es sostenible el estado del bienestar? nos introduce en un tema candente: el desarrollo, mantenimiento y crisis del Estado de bienestar en las sociedades occidentales. Cómo, cuando y por qué surge el primer Estado de bienestar en el Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial; sus antecedentes históricos en el siglo XIX e inicios del siglo XX y el precedente del New Deal de Roosevelt en los años 30 en Estados Unidos. Es, en ese contexto histórico, social, económico y político, que emerge el keneysianismo como respuesta a los estragos de la Gran Depresión y la II Guerra Mundial. Será el economista británico, John Maynard Keynes, quien establecerá las bases teóricas del Estado de bienestar. Las políticas keynesianas se implementarán y desarrollarán a lo largo de más de tres décadas en los países occidentales. Se caracterizaron por apostar por políticas intervencionistas por parte del Estado en materia económica, financiera y social en detrimento del libre mercado a la hora de ofrecer bienes y servicios básicos- empleo, vivienda, educación, sanidad...- a la población. Durante 30 años, las políticas keynesianas fueron un éxito en el Reino Unido y en Estados Unidos, permitiendo el despegue, desarrollo y mantenimiento del Estado de bienestar. En paralelo, a este proceso de inicio y consolidación del Estado de Bienestar, se inicia una reacción liberal contra la intervención del Estado en la economía. Los defensores de la libertad de mercado, apoyados por las tesis de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, preconizaron un paulatino abandono de los postulados keynesianos, y, por extensión, del Estado del bienestar. Pero, no será, hasta los años 80, cuando definitivamente estas ideas (neo)liberales harán fortuna con los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Reino Unido y Estados Unidos, respectivamente. El ascenso de la doctrina neoliberal cuestionará tanto la legitimidad como la sostenibilidad del Estado del bienestar y apostará por su desmantelamiento progresivo, substituyéndolo por una creciente mercantilización de servicios básicos como la sanidad o la educación, y, por la privatización de los sectores económicos estratégicos de los países desarrollados, y posteriormente, del resto del mundo.

En segundo lugar, desarrolla los distintos modelos de Estado de bienestar existentes en la mayoría de los países occidentales. Podemos hablar y diferenciar claramente tres grandes modelos de Estado de bienestar: el modelo socialdemócrata de los países nórdicos; el modelo liberal de los países anglosajones y el modelo conservador de países como Alemania o Francia. Se expone tanto sus puntos fuertes como sus puntos débiles así como sus aportaciones y limitaciones que han reavivado el debate sobre la sostenibilidad fiscal de estos modelos de Estado de bienestar a medio y a largo plazo por motivos demográficos y por la irrupción de la globalización.

14 de octubre de 2016

Descripción del libro ¿Es sostenible el estado del bienestar?

El libro ¿es sostenible el estado de bienestar? del economista Óscar Vara Crespo contiene 141 páginas. Está editado en el año 2016 por RBA Coleccionables dentro de la colección titulada Los retos de la economía. Es el primer número de la colección. El sumario del libro contiene: una introducción y 4 capítulos: las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado del bienestar; la reacción liberal y las propuestas de reforma; los distintos modelos actuales de Estado de bienestar y Retos globales de futuro. 

13 de octubre de 2016

¿Es sostenible el estado del bienestar?

¿Es sostenible el estado de bienestar? del economista español Óscar Vara Crespo nos invita a adentrarnos en la temática del Estado de bienestar: qué es, cómo y por qué se desarrolla el Estado de bienestar en las sociedades occidentales; quiénes son sus principales teóricos y sus principales detractores o críticos más acérrimos; cuáles son los principales modelos del Estado de bienestar así como cuáles son sus principales retos o amenazas al albur de la actual crisis económica y de su futuro incierto en las próximas décadas del siglo XXI.

16 de mayo de 2016

Documental: La curiosa guerra de Alan Turing.

El Documental, la curiosa guerra de Alan Turing, focaliza la atención sobre aspectos biográficos de  la vida de Alan Turing antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Especialmente, en su labor como matemático y sobre todo como criptógrafo en Bletchley Park.



13 de mayo de 2016

Más allá de Alan Turing: sus aportaciones a la inteligencia artificial y a la biología matemática.

A pesar de, su prematura muerte en 1954, Alan Turing ha sido uno de los matemáticos más brillantes e influyentes del siglo XX. Con su trabajo no sólo sentó las bases teóricas de la informática sino también abrió el campo de la inteligencia artificial y el de la biología matemática. Además de su labor como matemático, dejó un número importante de documentos sin concluir con comentarios, anotaciones y observaciones acerca de la "maquinaria inteligente" y de la morfogénesis.

La muerte de Alan Turing no le permitió concluir sus investigaciones en la Universidad de Manchester. Durante su estancia, Alan Turing abordó el diseño de modelos de circuitos neuronales para estudiar el cerebro humano que él denominaba "maquinaria inteligente". En ese mismo año, Belmont Forley y Wesley Clark lograron la simulación, en un ordenador, de una red de 128 neuronas "capaces de reconocer patrones sencillos tras una fase de entrenamiento." Observaron que, si se eliminaba un 10% de las neuronas, la red no perdía su capacidad de reconocimiento de patrones. El modelo de Forley y Clark consistía en neuronas conectadas entre sí al azar, asociando a cada conexión un valor de peso, el resultado era algo parecido a una red Mc Culloch- Pitts. En 1956, dos años después de la muerte de Alan Turing, John McCarthy acuñó el término inteligencia artificial durante una conferencia en la universidad de Barmouth. Un año más tarde, en 1957, Frank Rosenblatt desarrolló el perceptrón. A partir de éste, surgieron otros modelos de redes neuronales artificiales, como, por ejemplo, las redes con retropropagación que permiten reconocer letras, números, imágenes, etc. Actualmente, estas redes de retropropagación están muy presentes en la clasificación del correo electrónico, en el reconocimiento del latido cardíaco del feto para distinguirlo del de la madre, etc. En resumen, ha hecho falta más de medio siglo para que, las ideas acerca de la "maquinaria inteligente" de Alan Turing, formen parte de nuestra vida cotidiana.

En sus últimos años de vida, Alan Turing hizo experimentos pioneros sobre morfogénesis, utilizando los ordenadores de la Universidad de Manchester. La morfogénesis son procesos biológicos que conducen a que un organismo desarrolle una determinada forma.  Alan Turing postuló la existencia de los morfógenos así como la existencia de ciertos procesos físico- químicos y fenómenos como la activación o la inhibición responsables de los procesos de diferenciación celular que estaban detrás de las etapas por las que pasa una célula hasta alcanzar o convertirse en una célula especializada. La idea central era que, las posiciones de las células de un embrión, aún sin diferenciar, contienen morfógenos que controlarían posteriormente su desarrollo. La genialidad de Alan Turing fue la predicción de la existencia de los morfógenos, antes que fueran descubiertos muchos años después.  Fue, en los años 60, cuando Lewis Wolpert redefinió el concepto de morfógeno, introducido por Turing, tras descubrir una proteína con estas características en la mosca del vinagre Drosophila melenogaster. Los morfógenos pueden ser sustancias químicas, desde proteínas hasta vitaminas, que funcionan controlando los genes. En la actualidad, el modelo propuesto por Alan Turing, ha sido demostrado experimentalmente. Sin embargo, algunos sostienen que la morfogénesis ocurre de otra forma, a la postulada por Alan Turing. Las células seguirían un plan maestro por el que las células del embrión se irían especializando, como consecuencia de una serie de transformaciones, cuya explicación estaría en las propiedades mecánicas de esas células. Esta teoría está respaldada por investigadores como Conrad Waddington, Murray Gell- Mann o Brian Goodwin.