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5 de mayo de 2017

Modelos de Estado del bienestar(III): El modelo conservador(II): países mediterráneos.

Dentro del modelo conservador del Estado de bienestar, está una serie de países del sur de Europa- España, Italia, Portugal y Grecia-, que constituyen el modelo conservador del Sur del Mediterráneo. Este modelo conservador del sur del mediterráneo tiene unas características comunes: la financiación del Estado de bienestar se realiza a través de las contribuciones de los salarios de los trabajadores. Sin embargo, también tiene una serie de particularidades históricas, que lo hace estar a medio camino de todos los modelos del Estado de bienestar sin pertenecer completamente a ninguno. Portugal y España, por ejemplo, crearon sus Estados de bienestar a partir de los años 70 después de que finalizarán sus respectivas dictaduras. Por este motivo, el sistema de bienestar es muy reducido en comparación con los países escandinavos y del centro de Europa, y el subsidio por desempleo suele ser más corto, aunque mayor que en los países anglosajones. Por otra parte, los trabajadores disfrutan de una buena protección ante los despidos y las pensiones suelen ser elevadas. La sanidad es de carácter universal y está financiada mayoritariamente con contribuciones. Existe, además, un llamado "tercer sector" que desempeña un papel importante en la prestación del bienestar.

España se caracteriza por un sistema de bienestar lastrado por un alto desempleo. Las primeras iniciativas relacionadas con el Estado del bienestar son de finales del siglo XIX. Durante la Segunda República se intentó establecer seguros por accidentes y de retiro para los trabajadores pero se topó con la oposición. Con la dictadura franquista, el gasto social nunca fue superior al 8% del PIB. Tras la recuperación de la democracia, el gobierno socialista emprendieron la construcción del Estado del bienestar. La ley General de Sanidad de 1986 creó un Sistema Nacional de Salud descentralizado. En cuento a las pensiones, se fijaron en el Pacto de Toledo- 1995- donde se garantizó la sostenibilidad del sistema, amenazado hoy por la evolución demográfico del país. Esto ha obligado a elevar la edad de jubilación a los 67 años. Los altos niveles del paro ha hecho que la protección por desempleo sea una de las partidas más importantes del gasto social en España. En 1999, se legisló a favor para la conciliación entre empleo y la vida privada fijando la duración de la baja de maternidad y la nulidad de despido laboral por discriminación de sexo. También, se estableció ayudas a familias numerosas y a monoparentales. En cuanto a la educación, el gasto público se situó por encima del 4% del PIB. Las políticas públicas se complementan con la participación del tercer sector.

El Estado del bienestar en Italia dedica el 25% de su PIB al gasto social. La protección de la salud es universal mientras que la protección del empleo es baja y se financia a través de las contribuciones de los trabajadores y de los impuestos. Al igual que España, en Italia el tercer sector es fundamental en la provisión del bienestar. Este tercer sector tiene una gran relevancia en la protección social junto a las familias. En Italia, existe un alto porcentaje de economía sumergida- 25% del PIB- y una diferencia entre el norte y el sur de Italia. También, Italia ha experimentado cambios en su Estado del bienestar desde 1990. La primera, obligó a reconsiderar como consecuencia del tratado de Maastricht. Entre 1992 y 1995 se incrementó y se flexibilizó la edad de jubilación - 57 a 65 años- se introdujeron los "cuasi-mercados" en el servicio de salud. La segunda, provocado por la crisis económica de 2008. Ante el peligro de no poder pagar su deuda pública- 110% del PIB en 2009- el BCE salió en su apoyo, pero a cambio de reducir en gasto social y así ayudar a reducir su déficit público, favoreciendo el crecimiento económico. Por último, el gobierno de Mario Monti asentó el sistema de pensiones sobre tres pilares: un sistema de reparto, uno voluntario de capitalización a través de las empresas y otro privado e individual. 

21 de febrero de 2017

Modelos de Estado de bienestar(I): clasificación y tipología.

Las políticas del Estado del bienestar no han sido iguales en todos los países por diferentes razones. Por un lado, los países presentan divergencias a la hora de implementar un sistema de bienestar. Por otro lado, por motivos históricos y/o geográficos no parten en condiciones de igualdad para el crecimiento económico. Tampoco, es igual su concepción del mundo ni la ideología que está detrás de la acción política.

Los diferentes modelos de Estado de bienestar se pueden clasificar atendiendo a dos dimensiones, que propuso el economista y sociólogo danés Gosta Esping-Andersen, en su libro los tres mundos del Estado del bienestar en 1990. Una primera dimensión, el grado de desmercantilización, es decir, el grado en que los servicios sociales se proveen al margen de los mercados. Y, una segunda dimensión, la estratificación social, es decir, en la medida en que los sistemas de bienestar ayudan a reducir las desigualdades sociales. Según el propio Esping- Anderson, el proceso histórico, que transformo a los agricultores en asalariados, el trabajo se convirtió en una mercancía más y los trabajadores pasaron a depender de su salario para satisfacer sus necesidades básicas. Desde esa perspectiva, existen diferentes modelos de Estado de bienestar según el grado de responsabilidad del Estado a la hora de abastecer ciertos servicios sociales básicos. A mayor desmercantilización, mayor grado de Estado del bienestar.

Partiendo de este supuesto, Gosta Esping- Andersen diferencia tres tipos de Estados del bienestar: el modelo socialdemócrata que posee un nivel de desmercantilización alto. El Estado proporciona un alto nivel de bienes y servicios. Se financia con impuestos, trata a todos los ciudadanos por igual y tiene un carácter universalista. El modelo liberal que se caracteriza por un nivel alto de mercantilización donde el bienestar depende del mercado. La intervención del Estado se limita a transferir rentas a aquellas personas que no son capaces de satisfacer sus necesidades básicas a través del mercado. La financiación se hace a través de la imposición fiscal. Y, por último, el modelo conservador que se caracteriza por una desmercantización media. Este modelo no incluía al mercado, pero no lo consideraba como la única vía para satisfacer las necesidades básicas. En los países donde predomina este modelo conservador, existe diferentes tipos de seguro social, fuertes sindicatos, seguros de desempleo y cotizaciones empresariales altas.


7 de febrero de 2017

La reacción liberal al keynesianismo y las propuestas de reformas(II)

Durante las décadas de los años 50 y 60, y, hasta el año 1973, se produjo un enorme crecimiento económico sin precedentes. Tanto su éxito como su fracaso posterior, no se debe al keynesianismo ni al Estado de bienestar. Desde el fin de la II Segunda Guerra Mundial, los países europeos se beneficiaron del acuerdo de Bretton Woods, la integración de los mercados europeos, las ayudas del plan Marshall y las transferencias tecnológicas desde EE.UU. Antes de la crisis del petróleo de 1973, las economías norteamericana, japonesa y europea estaban muy próximas. Sin embargo, el fin de la expansión y el endeudamiento de los Estados, hizo patente las debilidades del keynesianismo. Pero, no fue, con el embargo del petróleo por parte de la OLP a causa de la guerra Yom Kippur, cuando el precio del petróleo creció de 3 a 14 dólares por barril. Se descartó las políticas de estímulo de la demanda y se comenzó a defender políticas de oferta, es decir, reformas de liberalización que consiguieron aumentar la producción a través de la eficiencia. Se empezó a valorar la microeconomía frente a la macroeconomía que estudiaba que incentivos hacían que aumentará la producción. También, se prestó una mayor atención a la teoría del crecimiento económico y a cómo se mejora la productividad del trabajo y el capital a través de la formación y la tecnología.

Cada una de estas adversidades creó un clima desfavorable para el Estado del bienestar y sí favorable para la ideología (neo)liberal de la mano de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan. Ambos querían recluir la importancia del Estado de bienestar y "retroceder" las fronteras del Estado del bienestar. Las nuevas ideas (neo)liberales tuvieron una plasmación en la distribución del gasto social y en el cambio de la política económica. Respecto al gasto social, el Estado del bienestar británico comenzó a controlar el gasto público durante el crecimiento económico y la supeditaba al crecimiento de los precios. Respecto a lo segundo, el cambio de la política económica, el principal elemento fue la reducción del papel del Estado como protector. Inició una campaña de privatización de las principales compañías y empresas públicas británicas. Además, redujo la carga financiera del Estado, permitiendo el acceso a otras fuentes de financiación a las empresas. Ciertos servicios sociales que aún eran públicos, es decir, que eran financiados y proveídos por el Estado, se convirtieron en una especie de "cuasi-mercado" en que ciertos servicios sociales- cuidado de ancianos, vivienda social,...- fueron financiados por el Estado pero se puso en manos del sector privado. El gobierno de Thatcher abrazó las políticas de oferta, dejando a un lado definitivamente las políticas fiscales keynesianas. Redujo drásticamente el crecimiento de la masa monetaria en circulación para controlar la inflación. La reducción del déficit público fue la estrategia escogida para combatir la inflación. Consiguió reducir la inflación de un 13,4% a los 4,6% en cuatro años. Mientras que el desempleo, subió del 4,7% al 11,1%. No se sabe si esta subida se debe a la segunda crisis del petróleo- 1979- o a la política monetaria contra la inflación. Respecto a la políticas de oferta, Thatcher planteó una reducción de los tipos marginales del impuesto sobre la renta tanto en el tramo alto como el bajo.

En EE.UU, con la presidencia de Ronald Reagan, se aplicó una política severa de recortes del Estado del bienestar en tres ámbitos: el seguro de desempleo, ayudas a familias con niños dependientes y en los programas de construcción y rehabilitación de viviendas para personas con bajos ingresos. Respecto a su política económica, su actuación no fue monetarista como la política thatcheriana sino más bien optó por mejorar la gestión de la Reserva Federal así controlar mejor la evolución del crecimiento económico, lo que produjo la reducción de la inflación. Por otro lado, el déficit público no dejó de subir durante los años 80, en parte por los recortes de impuestos recomendados por las políticas de oferta monetaria, y, la reducción de los tipos marginales de los tramos más altos y más bajos.

Las reformas de la década de 1980 tuvieron un primer impacto en la transformación del Estado del bienestar en un sistema mixto en el que los servicios eran proporcionados tanto por el Estado como por el sector privado. Sin embargo, el Estado del bienestar se está enfrentando a nuevos retos, como eran la nueva sociedad postindustrial, envejecimiento demográfico, incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, para los que no servían las soluciones anteriores. En resumen, hubo un proceso de reconsideración del gasto social en su conjunto y del progresivo abandono del keynesianismo tanto de los gobiernos socialdemócratas en Europa como del partido demócrata en Estados Unidos. 

5 de diciembre de 2016

Las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado de bienestar(II)

El impacto de las propuestas y del pensamiento keynesiano en la economía fue enorme así como los debates entorno a sus ideas. Muchos economistas neoclásicos intentaron reconciliarse con el keynesianismo. La tarea de divulgación y reformulación del keynesianismo fue acometida especialmente por dos autores: el británico John R. Hicks y el estadounidense Paul A. Samuelson. La principal aportación de John R. Hicks a la divulgación de la obra de John Maynard Keynes fue el artículo "El señor Keynes y los clásicos" en el que llevaba el keynesianismo a fórmulas matemáticas más digeribles para los economistas neoclásicos. Dicho artículo fue el que permitió el desarrollo del modelo IS-LM. Este modelo proponía dos herramientas a disposición del Gobierno para conseguir el pleno empleo: la política fiscal y la política monetaria. Con la política fiscal, a través del gasto del Gobierno o bien reduciendo los impuestos para que los consumidores tengan más renta disponible, se puede estimular la demanda de bienes de consumo. Con la política monetaria, se puede bajar el tipo de interés mediante la inyección de dinero, o hacerlo subir mediante la restricción de dinero. El tipo de interés influye en las decisiones de los consumidores y de los empresarios, puesto que el tipo de interés marca el precio del dinero, y, si este es bajo, los empresarios y consumidores se endeudarán para invertir y consumir, respectivamente. El modelo IS-LM fue una guía que se utilizó para aplicar las ideas keynesianas en el desarrollo de políticas dirigidas a la implantación y consolidación del Estado del bienestar.

La aportación de Samuelson fue la popularización del modelo IS-LM en el libro Economía en 1948. Samuelson hizó una síntesis entre los planteamientos de la escuela neoclásica y el modelo IS-LM de John R. Hich. Defendía la intervención del Estado en la política fiscal. También fue partidario de la intervención del Estado en el mercado porque éste era incapaz de proporcionar niveles de inversión que asegurarán el pleno empleo. Apoyó el Estado del bienestar y los programas de redistribución de la renta y la reducción de la pobreza. Samuelson era consciente que, para que hubiera pleno empleo, era imprescindible determinar cuánto produce la economía. La mejor herramienta era la política fiscal, es decir, la utilización del gasto público y de los impuestos para modular la actividad económica. Su apuesta por la política fiscal era por su convencimiento del papel del multiplicador keynesiano. El multiplicador keynesiano surge de una hipótesis sobre los consumidores: una persona no gasta la totalidad de su ingreso de cada mes en consumo sino una proporción fija, denominada "propensión marginal al consumo". Ahora bien, cualquier compra produce otros gastos posteriormente. En consecuencia, al final, se habrá multiplicado significativamente el gasto partiendo de un determinado consumo sobre la renta disponible. Los impuestos tenían un efecto sobre la renta disponible y ésta sobre el multiplicador keynesiano. Samuelson estudió los efectos del multiplicador keynesiano en el gasto público y aseveró que su existencia y su valor son determinantes para la eficacia del gasto público. Samuelson defendió los presupuestos públicos deficitarios. El presupuesto del Gobierno no debe estar siempre equilibrado sino en relación al ciclo económico, consecuentemente, aumentar el gasto público o reducir los impuestos con el objetivo de incrementar  la demanda efectiva cuando la economía está en la parte baja del ciclo económica, compensando el déficit resultante en la parte alta del ciclo económica con el objetivo de evitar un sobrecalentamiento de la economía, reduciendo la demanda mediante la reducción del gasto público o el aumento de los impuestos. El déficit público sería controlable gracias al multiplicador keynesiano. A las políticas, que se efectúan en la parte baja del ciclo económico se las llama políticas contracíclicas, mientras que, las políticas que se efectúan en la parte alta del ciclo económica se las llama políticas procíclicas. Por otro lado, Samuelson defendió que cuando existe desempleo suele producirse un fenómeno en relación al ahorro, la llamada "paradoja de la frugalidad", que reduce la demanda total de la economía con la consiguiente reducción de la renta disponible para ahorrar. En este tipo de situaciones, las personas retienen sus ingresos, el dinero no afluye a los mercados y la demanda de bienes se reduce en relación a la oferta, como consecuencia de esta paradoja, el gasto público puede cerrar la brecha entre demanda y oferta de bienes y alcanzar el pleno empleo. Por último, Samuelson defiende una concepción según la cual el dinero está mejor en manos del Gobierno, cuando se refiere al pleno empleo, reflejándose en la hipótesis del presupuestos equilibrado. Ello conlleva, que un presupuesto equilibrado, es decir, aquél en que los gastos son iguales a los ingresos, sea expansivo, y que se aproxima a una economía al pleno empleo.

Los efectos de las ideas keynesianas sobre la política del Estado del bienestar fueron enormes. El gasto público entre 1960 y 1980 creció en diferentes países: Suecia, Alemania, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Hasta 1960, la recaudación fiscal de esos mismos países apenas rebasaban el 30% del PIB pero la necesidad de financiar este aumento del gasto público hizo que subiera. Al mismo tiempo, nació la llamada economía mixta: los Gobiernos utilizaban el gasto público como forma de estimular la actividad económica pero, también de satisfacer a una población que exigía políticas de bienestar. El Estado del bienestar alcanzó su madurez en la década de los 60. La cobertura de la protección social se hizo universal en la mayoría de países y se delimitó los ámbitos de actuación del Gobierno así como la sanidad gratuita y la ayuda a la compra de vivienda. Este crecimiento del Estado del bienestar obligó a aumentar el gasto público muy por encima de la recaudación de impuestos, lo que generó déficit público creciente, y, con ello, la necesidad del endeudamiento de los Estados para hacer frente a este gasto. Los problemas aparecerán, a principios de los 70, por el encarecimiento súbito del petróleo como materia prima. El resultado será el abandono progresivo de las políticas orientadas a la demanda, es decir, políticas de corte keynesiano, por políticas orientadas a la oferta. 

14 de noviembre de 2016

Las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado del bienestar (I)

El primer capítulo del libro ¿es sostenible el estado del bienestar?, Las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado del bienestar, vamos a subdividirlo en dos partes: I y II. En la primera parte, hablaremos sobre los estudios económicos del Bienestar y, en la segunda parte, sobre el desarrollo y la madurez del Estado del bienestar. 

La doctrina económica que inspira al Estado de bienestar es el keynesianismo de John Maynard Keynes. Su tesis principal es que el libre mercado es incapaz de garantizar el pleno empleo, defendiendo la necesidad de regular el capitalismo desde la política del Estado. El keynesianismo surgió como reacción a la Gran Depresión. Pero, no fue, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se generalizó la convicción de que el Estado debía proporcionar a sus ciudadanos protección contra las adversidades económicas, lo que condujo a la creación entre 1945 y 1948, del primer Estado del bienestar en el Reino Unido.

Pero, ¿cuando y cómo surgió la necesidad de estudiar el Estado de bienestar? Los economistas fueron los protagonistas iniciales del estudio tanto del bienestar individual como del bienestar social. Se estableció un debate entre aquellos economistas que confiaban en que la libre iniciativa y el mercado resolverían por sí mismo el bienestar social, y los socialistas, que desconfiaban de la propiedad privada y de los capitalistas. En paralelo, a este debate, durante el siglo XIX, en el ámbito de la ciencia económica, coexistieron dos períodos: el clásico que arranca con Adam Smith hasta Karl Marx y John Stuart Mill y el neoclásico con las figuras de León Walras, William S. Jevons y Alfred Marshall. Este último período, la llamada escuela neoclásica de economía, surge apoyada por el positivismo- epistemología- y el utilitarismo- ética-. Pretendían incorporar la economía al positivismo y de esta forma explicar al ser humano y sus acciones así como sus consecuencias e interacciones al modo como se hacía en las ciencias naturales. Esta pretensión de transformar la economía, como si fuera una ciencia natural, tiene una gran importancia para entender cómo se ha concebido y estudiado el bienestar desde la economía. Por su parte, el utilitarismo cree que el objetivo último de las acciones humanas es aumentar el bienestar y evitar el dolor y el sufrimiento. Las acciones humanas se orientan hacia una mayor satisfacción personal o "utilidad", de ahí, el nombre de utilitarismo. Este modelo de ser humano contenía un "problema técnico": ¿cómo concebir un modelo de ser humano que puede ser expresado mediante una ecuación matemática? El neoclasicismo creó la figura del "homo economicus". ¿En qué consistía el homo economicus? Podríamos definirlo como a una persona que, teniendo como objetivo único alcanzar la mayor utilidad posible, es capaz de determinar cuánta utilidad le proporciona la combinación entre bienes y servicios que tiene a su alcance y decidir cuál es la mejor combinación entre sí. El homo economicus fue utilizado por los economistas para realizar experimentos en los que un homo economicus era colocado ante diferentes alternativas y escoger aquella situación que proporcionará mayor utilidad, o sea, mayor bienestar. Los economistas neoclásicos concluyeron que el bienestar era el resultado de la utilidad del consumo de bienes y servicios. A partir de ahí, se podía establecer diferentes políticas en función de la utilidad- es decir, del mayor bienestar- que aportan.  La escuela neoclásica concluyó que el mercado conducía a situaciones de equilibrio en las que el bienestar era el máximo posible. Tanto esa tendencia del mercado al equilibrio como la reducción del comportamiento al hedonismo fue criticado por el economista John Maynard Keynes.

John Maynard Keynes, durante la Gran Guerra y los años 20, observó que existía rigideces entre las instituciones y los diferentes actores económicos- inversores, empresarios, trabajadores- a la hora de que los mercados alcancen el equilibrio entre la oferta y la demanda. La constatación de estos hechos hizó que Keynes propusiera un control de ciertas actividades económicas de manera que fuera compatible con las libertades de las sociedades democráticas. Para Keynes, el desempeño correcto de la economía era aquél que garantizaba el pleno empleo. Durante los años 30, dos cuestiones fundamentales fueron: cómo reducir el desempleo y cómo financiar los seguros de desempleo. Junto a estas preocupaciones, Keynes abandonó el utilitarismo como medio para explicar el consumo. Creía que además del hedonismo también el error, la falta de previsión, la generosidad o la extravagancia estaban detrás del consumo. Y, por tanto, la máxima utilitaria no podía explicar todo el consumo.

Como consecuencia del crash de 1929, el PIB de EEUU se redujo más de un 44%. En 1933, se alcanzó la cifra del 25% de desempleo sólo en EEUU. La administración de Hoover no adoptó ninguna medida extraordinaria. No es hasta la presidencia de Roosevelt cuando se adopta el New Deal que es considerado como uno de los hitos más importantes de la historia del Estado del bienestar. Con su libro, la teoría general, John Maynard Keynes quiso dar una respuesta a las crisis recurrentes del sistema capitalista para las cuales la escuela neoclásica no parecía tener solución. En su análisis, Keynes otorga a los consumidores y a los empresarios el peso de la actividad económica. Para Keynes, la causa principal de los fallos del sistema de libre mercado son la toma de decisiones que se basan en el conocimiento del pasado. Por este motivo, el resultado de nuestras acciones es siempre incierto. Los consumidores eligen qué parte de sus ingresos dedican a consumir y qué parte no. Mientras, que la parte del consumo está determinado por el nivel de renta y las preferencias, la segunda, la parte que no se consume, plantea un dilema. El consumidor tiene dos opciones: ahorrar o mantenerlo "ocioso" en su bolsillo. El ahorro privado consiste en otorgar préstamos a algún empresario a cambio de un interés. El tipo de interés sería la oferta que se le hace al consumidor para que se lo preste a un empresario para que éste asuma un riesgo con la inversión. La motivación de los empresarios para invertir se basa en analizar el coste de emprender una actividad y las expectativas de ganancias futuros procedentes de la inversión.

Sin embargo, para Keynes el comportamiento económico no puede explicarse únicamente a través de la racionalidad sino que hay que contrapónerla con aspectos más irracionales a la hora de tomar decisiones tanto económicas como no económicas. Además, estos componentes no racionales se "contagiaban" rápidamente de un individuo a otro y tendían a reforzarse. En situaciones de incertidumbre o inestabilidad, el comportamiento tanto de consumidores como de empresarios es económicamente ineficiente. El "atesoramiento" del dinero por parte de los consumidores es debido a la incertidumbre que provoca la demanda de bienes sea insuficiente para cubrir la oferta. Por su parte, los empresarios pueden reducir la inversión en capital y mano de obra más allá de lo deseable. El resultado es una demanda insuficiente de bienes, capital y mano de obra. Esta debilidad de la demanda agregada provoca una reducción de la producción total de bienes y servicios. Al ser, el resultado de decisiones libres entre consumidores y empresarios, suele perpetuarse dicho desequilibrio entre la oferta y la demanda, en lugar de, como sostiene la escuela neoclásica, alcanzar en algún momento el equilibrio. Para Keynes, el principal problema del capitalismo liberal es, que un contexto de incertidumbre, se deje al mercado actuar libremente respecto a las decisiones de inversión. Keynes apuesta porque sea el Estado quien tome las decisiones de inversión ya que está en mejores condiciones para asumir y gestionar el riesgo en beneficio del interés público. Estas inversiones productivas del Estado permitirían cerrar la brecha entre la demanda y la oferta agregadas, asegurando el pleno empleo en cada coyuntura económica.

Keynes también crítica la política monetaria expansiva en un entorno de bajos tipos de interés. Al imprimir más dinero y ponerlo en manos de la gente, aumentará la demanda de bienes en la economía. Lo que provocará un aumento de la inflación. En consecuencia, si aumenta la cantidad de bienes, disminuye su valor. El dinero también es un bien. Y como tal, disminuye de valor lo que equivale a decir que con la misma cantidad se compran ahora menos cosas, un efecto equivalente a una subida generalizada de los precios. Keynes contraargumentó que el beneficio de un aumento de la demanda, es decir, la reducción del desempleo, era mayor que el perjuicio de una mayor inflación, tanto una medida como la otra, tenían como finalidad estabilizar la demanda en las diferentes coyunturas económicas del capitalismo liberal. Se aseguraría el crecimiento económico, y así, la mejora de las condiciones de vida y el bienestar de los ciudadanos. 

8 de noviembre de 2016

Introducción: concepto, crisis y retos del Estados del bienestar.

La Gran Recesión de 2008 fue un punto de inflexión al iniciarse un proceso de cuestionamiento de la viabilidad financiera de nuestro Estado de bienestar. No obstante, no era la primera vez que surgía este debate. Ya, en los años 70, con el aumento exponencial de la población mundial y las sucesivas crisis del petróleo, pusieron en aprieto al Estado del bienestar. Junto a estos fenómenos, la aparición de la contrareforma neoliberal liderada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que sostenían que los Estados de bienestar no eran capaces de generar la riqueza suficiente para financiar sus necesidades. Sin embargo, ninguno de estos malos augurios se han cumplido. El gasto social del PIB se ha mantenido estable en los países desarrollados. Ahora bien, no debemos bajar la guardia. Los retos del Estado de bienestar en el siglo XXI son muy distinto a los de la década de 1970. El actual Estado del bienestar tiene diferentes retos: de orden económico- mayor envejecimiento y bajo índice de natalidad-, de orden sociológico- cambios en el modelo de familia-, de orden supranacional- la globalización- y el fenómeno de la inmigración. Finalmente, hay que dar respuesta a la tendencia del Estado del bienestar a crecer cada vez más.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Estado del bienestar? Es difícil de encontrar una definición precisa. ¿Por qué? Por la sencilla razón, que no existe un único modelo de Estado de bienestar. No obstante, podríamos definirlo como un sistema por el que la administración pública, independientemente de quien gobierne, garantiza a sus ciudadanos un conjunto de servicios sociales básicos- sanidad, educación, pensiones, desempleo, minusvalía o acceso a la vivienda- para mejorar sus condiciones de vida y promover la igualdad de oportunidades. El mercado por sí solo no es capaz de ofrecer estos servicios básicos a un coste asumible. Estas limitaciones del mercado siempre han estado en el centro de la batalla entre los defensores y los detractores de la intervención del Estado en la economía. Dentro de los detractores, la crítica está en el terreno de los valores. La intervención del Estado es percibida como una invasión en el ámbito de decisión individual y acusa al Estado del bienestar de promover relaciones de dependencia de los ciudadanos con el Estado. El Estado de bienestar debe ser evaluado en función de su eficiencia y si cumple con sus objetivos.

El Estado del bienestar no siempre ha existido. El inicio así como su consolidación ha estado lleno de luchas, crisis y conquistas. No podemos hablar de Estado de bienestar hasta después de la Segunda Guerra Mundial en 1945, cuando se implantó en el Reino Unido, con el Gobierno laborista de Clement Attlee, el primer sistema de seguridad social y el primer sistema de sanidad pública y universal. Se estableció un pacto social que perseguía la igualdad de derechos y deberes de toda la ciudadanía y el reparto más equitativo de la riqueza generada en el Reino Unido. Tras éste, los diferentes países occidentales han adoptado el Estado del bienestar a sus particularidades culturales y sociales. Han intentado incidir sobre todo en 4 aspectos básicos: el paro, la jubilación, la desigualdad social y la pobreza, llevando al Estado a la necesidad de regular la economía.

A pesar de su éxito, el Estado de bienestar actual debe dar respuesta a los retos que le depara el futuro, haciendo necesario su reinvención. Una primera amenaza es la de su sostenibilidad por motivos demográficos. Una segunda amenaza es la globalización que provoca una competitividad creciente entre países. Una tercera amenaza es la crisis de 2007 y la crisis de la deuda soberana de la zona Euro que está castigando duramente el Estado de bienestar. Se trata de retos formidables que demandan soluciones imaginativas y audaces porque la sostenibilidad del Estado del bienestar depende de la cantidad de recursos que estemos dispuestos a destinarle y su viabilidad dependerá de, como ciudadanos, en qué tipo de sociedad queremos vivir. 

18 de octubre de 2016

Introducción a ¿Es sostenible el estado del bienestar?

El libro ¿es sostenible el estado del bienestar? nos introduce en un tema candente: el desarrollo, mantenimiento y crisis del Estado de bienestar en las sociedades occidentales. Cómo, cuando y por qué surge el primer Estado de bienestar en el Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial; sus antecedentes históricos en el siglo XIX e inicios del siglo XX y el precedente del New Deal de Roosevelt en los años 30 en Estados Unidos. Es, en ese contexto histórico, social, económico y político, que emerge el keneysianismo como respuesta a los estragos de la Gran Depresión y la II Guerra Mundial. Será el economista británico, John Maynard Keynes, quien establecerá las bases teóricas del Estado de bienestar. Las políticas keynesianas se implementarán y desarrollarán a lo largo de más de tres décadas en los países occidentales. Se caracterizaron por apostar por políticas intervencionistas por parte del Estado en materia económica, financiera y social en detrimento del libre mercado a la hora de ofrecer bienes y servicios básicos- empleo, vivienda, educación, sanidad...- a la población. Durante 30 años, las políticas keynesianas fueron un éxito en el Reino Unido y en Estados Unidos, permitiendo el despegue, desarrollo y mantenimiento del Estado de bienestar. En paralelo, a este proceso de inicio y consolidación del Estado de Bienestar, se inicia una reacción liberal contra la intervención del Estado en la economía. Los defensores de la libertad de mercado, apoyados por las tesis de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, preconizaron un paulatino abandono de los postulados keynesianos, y, por extensión, del Estado del bienestar. Pero, no será, hasta los años 80, cuando definitivamente estas ideas (neo)liberales harán fortuna con los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Reino Unido y Estados Unidos, respectivamente. El ascenso de la doctrina neoliberal cuestionará tanto la legitimidad como la sostenibilidad del Estado del bienestar y apostará por su desmantelamiento progresivo, substituyéndolo por una creciente mercantilización de servicios básicos como la sanidad o la educación, y, por la privatización de los sectores económicos estratégicos de los países desarrollados, y posteriormente, del resto del mundo.

En segundo lugar, desarrolla los distintos modelos de Estado de bienestar existentes en la mayoría de los países occidentales. Podemos hablar y diferenciar claramente tres grandes modelos de Estado de bienestar: el modelo socialdemócrata de los países nórdicos; el modelo liberal de los países anglosajones y el modelo conservador de países como Alemania o Francia. Se expone tanto sus puntos fuertes como sus puntos débiles así como sus aportaciones y limitaciones que han reavivado el debate sobre la sostenibilidad fiscal de estos modelos de Estado de bienestar a medio y a largo plazo por motivos demográficos y por la irrupción de la globalización.

14 de octubre de 2016

Descripción del libro ¿Es sostenible el estado del bienestar?

El libro ¿es sostenible el estado de bienestar? del economista Óscar Vara Crespo contiene 141 páginas. Está editado en el año 2016 por RBA Coleccionables dentro de la colección titulada Los retos de la economía. Es el primer número de la colección. El sumario del libro contiene: una introducción y 4 capítulos: las políticas keynesianas y el nacimiento del Estado del bienestar; la reacción liberal y las propuestas de reforma; los distintos modelos actuales de Estado de bienestar y Retos globales de futuro. 


13 de octubre de 2016

¿Es sostenible el estado del bienestar?

¿Es sostenible el estado de bienestar? del economista español Óscar Vara Crespo nos invita a adentrarnos en la temática del Estado de bienestar: qué es, cómo y por qué se desarrolla el Estado de bienestar en las sociedades occidentales; quiénes son sus principales teóricos y sus principales detractores o críticos más acérrimos; cuáles son los principales modelos del Estado de bienestar así como cuáles son sus principales retos o amenazas al albur de la actual crisis económica y de su futuro incierto en las próximas décadas del siglo XXI.