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15 de enero de 2026

Radiografía de Hiroshima y Nagasaki después de los bombardeos atómicos (I)

La bomba Little Boy en Hiroshima: preparativos, lanzamiento y destrucción.

El lunes 6 de agosto de 1945, el bombardero B-29 Enola Gay, pilotado y comandado por el coronel Paul Tibbets, despegó a las 3 de la madrugada de la base de Tinian, en las Islas Marianas. Llevaba una bomba de Uranio-235, apodada como “Little Boy”- “Niño Pequeño”-. El Enola Gay iba acompañado de dos B-29- “Necessary Evil” y “The Great Artiste”- que cumplirían las funciones de apoyo fotográfico, filmando la explosión y técnico, informando de las condiciones meteorológicas. 

A diferencia de la bomba de plutonio-239, el mecanismo del diseño de la bomba de uranio-235 era sumamente fiable, por lo que se consideró que no hacía falta realizar ninguna prueba nuclear antes de usarla. 

A las 8:15h, lanzaron la bomba atómica “Little Boy” sobre Hiroshima a una altura de 10.450 metros. Explotó a los 55 segundos al alcanzar la altura establecida de unos 600 metros sobre el centro de Hiroshima. Al detonar en el aire, su onda expansiva se dispersaría de forma más uniforme y afectaría así a una mayor área, que si hubiera explotado en el suelo, porque parte de la energía liberada hubiera sido absorbida por el terreno, reduciendo así su capacidad destructiva. Debido al viento se falló en el blanco principal, -el puente Aioi-, explotando justo encima del hospital Shima, convirtiéndolo en el hipocentro de la explosión. 

La ubicación geográfica de la ciudad de Hiroshima determinó la magnitud de los efectos devastadores de la bomba “Little Boy”. Al estar emplazada en un valle, la explosión fue mucho más destructiva que en Nagasaki. La onda de choque y la radiactividad se expandieron a una mayor distancia y a una mayor velocidad en Hiroshima que en Nagasaki, donde las montañas que la rodeaban, actuaron como un muro de contención frente a la tormenta radiactiva. 
 
La detonación del “Little Boy” produjo una explosión equivalente a 15 kilotones- o 15.000 toneladas de TNT-, pese a que se fisionó sólo un 1,38% de los 64 kilos de uranio de la bomba. La bomba atómica “Little Boy” liberó a la atmósfera con la explosión una combinación de onda térmica, seguida de una onda de choque y de radiactividad -radiación ionizante-.   

Se estima que la temperatura superó los 3.000 grados Celsius, creando una bola de fuego de unos 256 metros de diámetro. El radio total de destrucción alcanzó unos 1,6 kilómetros, provocando incendios en una área de unos 11,4 kilómetros cuadrados. El 69% de los edificios quedaron destrozados, convertidos en escombros. La explosión rompió los vidrios de las ventanas de los edificios localizados a una distancia de 16 kilómetros del hipocentro y el estallido pudo sentirse hasta una distancia de 59 kilómetros. 

Por último, alrededor de 45 minutos después de la explosión, cayó una lluvia negra al noroeste de la ciudad. Esta lluvia negra, cargada de polvo, hollín y partículas radiactivas, provocó una contaminación radioactiva en zonas alejadas al hipocentro, afectando a personas, animales, al suelo y al agua. 

Recuento de fallecidos y heridos en Hiroshima.

Entre 70.000 y 80.000 personas murieron evaporadas instantáneamente al explotar la bomba, cerca del 30% de la población de Hiroshima, mientras que otras 70.000 personas resultaron heridas. Cerca del 90% de los médicos y el 93% de las enfermeras murieron o resultaron heridos, porque la mayoría se encontraban en el momento del impacto en el centro de la ciudad. 

La estimación total de muertos a finales de 1945 varía entre 90.000 y 140.000. La falta de recursos médicos explica en parte estas cifras junto a los efectos devastadores de la radiación. Muchos profesionales murieron después de la explosión y los que sobrevivieron ignoraban los efectos de la radiación, por lo que no sabían cómo tratar a las personas heridas o quienes sufrían el Síndrome Agudo por Radiación o Radiotoxemia.  





20 de noviembre de 2025

¿De qué va El diario de Hiroshima de un médico japonés?

El diario de Hiroshima de un médico japonés está estructurado como un diario personal del médico japonés Michihiko Hachiya, que abarca desde el 6 de agosto al 30 de septiembre de 1945, dividido en diferentes entradas fechadas, no en capítulos convencionales.

A continuación, presento un resumen cronológico y temático esquematizado: 

6 de agosto de 1945 – La explosión

A las 8:15 a. m., Hachiya está en su casa, a 1,5 km del epicentro.

Un destello cegador lo derriba; su casa se desintegra.

Herido y desnudo, intenta llegar al hospital a pie, entre ruinas y cuerpos quemados.

Describe el silencio, el polvo, las llamas y la sensación de haber sobrevivido a algo incomprensible.

Al llegar al hospital, lo encuentra semidestruido, con médicos y enfermeras también heridos.

El día termina en medio del caos, sin agua ni medicinas.

7–10 de agosto – Los primeros días

El hospital se convierte en un refugio improvisado.

Hachiya y los pocos médicos disponibles atienden a los heridos con recursos mínimos.

Observa quemaduras graves y heridas que no cicatrizan.

Los pacientes mueren de forma repentina, incluso aquellos que parecían mejorar.

Aparece la fiebre alta, la debilidad y hemorragias inexplicables.

El médico empieza a sospechar que hay un fenómeno desconocido, sin saber que se trata de radiación.

11–15 de agosto – La rendición y el desconcierto

Continúan llegando víctimas desde las zonas más próximas al hipocentro.

La ciudad está irreconocible; el aire huele a ceniza y carne quemada.

Hachiya describe la desesperación moral y la impotencia ante los enfermos.

El 15 de agosto, todos escuchan por radio el mensaje del emperador Hirohito anunciando la rendición.

El hospital entero escucha en silencio, con lágrimas, confusión y alivio.

Muchos no comprenden del todo que la guerra haya terminado.

16–20 de agosto – La enfermedad misteriosa

Se generalizan los síntomas: pérdida de cabello, manchas púrpuras, diarreas y hemorragias.

Los médicos llaman a este cuadro “enfermedad atómica” sin comprender su naturaleza.

Hachiya describe los primeros intentos de clasificar los síntomas y buscar tratamientos paliativos.

La población muestra una mezcla de resignación, miedo y solidaridad.

Comienzan los rumores sobre “la bomba nueva” que destruye cuerpos sin tocar las casas (una confusión inicial).

21–25 de agosto – El agotamiento

El personal médico está exhausto; algunos colegas mueren por exposición previa.

Se agudiza la escasez de alimentos y medicinas.

Hachiya relata cómo los doctores improvisan curas con hierbas o agua salada.

Los cuerpos se acumulan sin poder ser enterrados con dignidad.

Reflexiona sobre la ética del deber médico: curar aunque no haya esperanza.

26–31 de agosto – Los síntomas de radiación

Se confirma que la enfermedad es consecuencia de una radiación invisible.

Observan que quienes estuvieron más cerca del hipocentro mueren antes.

Hachiya describe con detalle clínico los efectos: fiebre persistente, encías sangrantes, caída total del cabello.

Se siente culpable por sobrevivir y escribe sobre la fragilidad de la vida.

Comienza a registrar datos médicos sistemáticamente, anticipando los futuros estudios sobre la radiación.

1–10 de septiembre – Los efectos psicológicos

Los supervivientes presentan traumas mentales y emocionales: pérdida de memoria, pesadillas, ansiedad.

Se retoman lentamente algunas rutinas del hospital.

Llegan equipos médicos de otras zonas de Japón y observadores estadounidenses.

Hachiya nota la curiosidad científica de los visitantes, pero le molesta la falta de empatía ante el sufrimiento humano.

Reflexiona sobre la dignidad de los hibakusha (supervivientes de la bomba).

11–20 de septiembre – Reconstrucción y duelo

Empieza la limpieza de la ciudad, la quema de cadáveres y la búsqueda de familiares.

El hospital recibe materiales nuevos, pero las secuelas físicas y morales son profundas.

Algunos pacientes comienzan a mejorar lentamente, otros mueren por infecciones secundarias.

Hachiya escribe sobre la tristeza persistente y el valor de quienes siguen viviendo.

21–30 de septiembre – Esperanza contenida

La vida intenta reorganizarse: niños jugando, pequeños mercados, los primeros trenes.

Los médicos siguen estudiando los casos de irradiación.

Hachiya reflexiona sobre el futuro: la bomba ha cambiado la historia de la humanidad y de la medicina.

El diario termina con una nota de serenidad, sin triunfalismo, pero con esperanza en la compasión y en la ciencia.



22 de octubre de 2025

Contenido y estructura del libro El Diario de Hiroshima de un médico japonés

El libro es un testimonio en primera persona, basado en sus notas reales, que describe la experiencia de los supervivientes desde una perspectiva médica y humana.

1. El momento de la explosión

Hachiya narra el instante de la detonación: un destello cegador, una onda expansiva y el silencio posterior.

Describe cómo él mismo, herido y desnudo, intenta llegar al hospital entre ruinas, fuego y cadáveres.

Su relato combina precisión médica con una profunda conmoción emocional.


2. El hospital como refugio

El hospital se convierte en un improvisado centro de atención para cientos de heridos, aunque carecen de medicinas, agua y alimentos.

Médicos y enfermeras trabajan agotados entre la desesperación, las quemaduras y el desconocimiento de los efectos de la radiación.

Hachiya muestra cómo los supervivientes luchan por mantener la dignidad y la humanidad en medio del caos.


3. La aparición de síntomas desconocidos

El autor documenta la aparición de lo que más tarde se conocería como síndrome de irradiación aguda: fiebre, caída del cabello, hemorragias, debilidad extrema.

Al principio, los médicos no entienden la causa de estos síntomas, creyendo que son consecuencias de las heridas o infecciones.

Este registro constituye uno de los primeros testimonios clínicos directos sobre los efectos de la radiación atómica.


4. Reflexiones morales y espirituales

A lo largo del diario, Hachiya reflexiona sobre la condición humana, la destrucción total de la ciudad y la resiliencia de los supervivientes.

Se pregunta por el sentido de la guerra y por la capacidad del ser humano de destruirse a sí mismo.

También muestra gestos de solidaridad, compasión y entrega, incluso en medio del sufrimiento extremo.



El diario incluye los días posteriores al anuncio de rendición del emperador Hirohito (15 de agosto de 1945).

Describe la reacción de los supervivientes: una mezcla de alivio, incredulidad y profunda tristeza.

El final del libro transmite una sensación de agotamiento y reflexión más que de cierre: el inicio de una nueva era marcada por el trauma atómico.