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9 de enero de 2026

¿Qué causas justificaron el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki?

 Los hibakusha fueron las primeras víctimas supervivientes del uso de armas nucleares sobre población civil de la historia. 

No puede comprenderse sin explicar el contexto histórico, político y militar que justificó el uso de la bomba atómica contra la población civil japonesa. Su objetivo era acelerar el fin del conflicto armado de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, iniciado tras el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 con la posterior Declaración de Guerra del Congreso de los Estados Unidos el 8 de diciembre de 1941.

 

El lanzamiento de la bomba atómica responde a unas causas específicas, que motivaron la decisión final del presidente Harry S. Truman con el consiguiente desenlace. 


¿Qué causas reales había detrás de esa decisión? ¿Qué justificaciones se esgrimieron para defender ante la opinión pública norteamericana la necesidad del lanzamiento de las bombas atómicas contra la población civil de Hiroshima y Nagasaki? 


Las causas que justificaron el lanzamiento de la bomba atómica fueron: 


  1. Finalizar la guerra con Japón. A mediados de 1945, Japón estaba militarmente debilitada, pero no se rendía. Su doctrina militar defendía la lucha hasta la muerte: no admitía la rendición ni la derrota. La Operación Downfall, que preveía la invasión terrestre de Japón en noviembre de 1945, estimaba que costaría entre 500.000 y 1.000.000 de soldados estadounidenses y entre 200.000 y 1.000.000 de civiles japoneses. El uso de la bomba se veía como un modo de forzar la rendición de Japón sin necesidad de invadir.  


  1. Demostrar su poder militar. Estados Unidos buscaba demostrar su supremacía tecnológica y militar al mundo. Además, enviaba un mensaje directo a la URSS. 


  1. Justificar el enorme gasto del Proyecto Manhattan. La bomba atómica fue el resultado del desarrollo científico y la colaboración entre Estados Unidos, Reino Unido y Canadá junto a grandes corporaciones industriales y financieras de Estados Unidos. Esta colaboración secreta fue denominada, Proyecto Manhattan, autorizado por Franklin Roosevelt el 6 de diciembre de 1941. La bomba atómica había sido diseñada para ser utilizada en Europa contra la Alemania nazi. Tras la capitulación de Alemania en mayo de 1945, el Gobierno de Harry Truman pensó en utilizarla en Japón. El desarrollo de la Bomba Atómica costó 2.000 millones de dólares e involucró a 120.000 personas. Su uso servía para validar ese gasto y mostrar el éxito de la ciencia estadounidense. 


  1. Evitar que la URSS ganará mayor influencia sobre Japón. Estados Unidos quería evitar que Japón quedase bajo la órbita soviética y que la URSS conociera la existencia de la nueva arma nuclear. Desde 1943, Estados Unidos comenzó a prepararse para hacer frente a la única potencia que podía disputar su hegemonía mundial. La URSS de Stalin se había convertido en el nuevo enemigo y se preparaba para invadir Japón, aprovechando los acuerdos de Yalta, que le facultaba para recuperar los territorios perdidos en la guerra ruso-japonesa (1905-06). Stalin le declaró la guerra a Japón el 8 de agosto de 1945, ocupó Manchukuo- el Estado títere-, invadió parte de Mongolia y de la Manchuria china y amenazó con invadir Hokkaido, la segunda isla más grande del Japón. 


  1. Condicionar la rendición japonesa. Truman justificó el uso de las bombas atómicas bajo el pretexto de la necesidad de forzar a Japón a aceptar la rendición incondicional suscrita en la Declaración de Postdam, el 26 de julio de 1945. El ultimátum a Japón definía los términos para su rendición incondicional y buscaba poner fin a la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.  


  1. Otras razones de naturaleza simbólica y cultural. Hacen referencia a la intención de destruir la cultura militarista de Japón, que consideraba la rendición como deshonra. La destrucción total de Hiroshima tenía un carácter humillante y desmitificador que quebraba esa lógica. 




20 de noviembre de 2025

¿De qué va El diario de Hiroshima de un médico japonés?

El diario de Hiroshima de un médico japonés está estructurado como un diario personal del médico japonés Michihiko Hachiya, que abarca desde el 6 de agosto al 30 de septiembre de 1945, dividido en diferentes entradas fechadas, no en capítulos convencionales.

A continuación, presento un resumen cronológico y temático esquematizado: 

6 de agosto de 1945 – La explosión

A las 8:15 a. m., Hachiya está en su casa, a 1,5 km del epicentro.

Un destello cegador lo derriba; su casa se desintegra.

Herido y desnudo, intenta llegar al hospital a pie, entre ruinas y cuerpos quemados.

Describe el silencio, el polvo, las llamas y la sensación de haber sobrevivido a algo incomprensible.

Al llegar al hospital, lo encuentra semidestruido, con médicos y enfermeras también heridos.

El día termina en medio del caos, sin agua ni medicinas.

7–10 de agosto – Los primeros días

El hospital se convierte en un refugio improvisado.

Hachiya y los pocos médicos disponibles atienden a los heridos con recursos mínimos.

Observa quemaduras graves y heridas que no cicatrizan.

Los pacientes mueren de forma repentina, incluso aquellos que parecían mejorar.

Aparece la fiebre alta, la debilidad y hemorragias inexplicables.

El médico empieza a sospechar que hay un fenómeno desconocido, sin saber que se trata de radiación.

11–15 de agosto – La rendición y el desconcierto

Continúan llegando víctimas desde las zonas más próximas al hipocentro.

La ciudad está irreconocible; el aire huele a ceniza y carne quemada.

Hachiya describe la desesperación moral y la impotencia ante los enfermos.

El 15 de agosto, todos escuchan por radio el mensaje del emperador Hirohito anunciando la rendición.

El hospital entero escucha en silencio, con lágrimas, confusión y alivio.

Muchos no comprenden del todo que la guerra haya terminado.

16–20 de agosto – La enfermedad misteriosa

Se generalizan los síntomas: pérdida de cabello, manchas púrpuras, diarreas y hemorragias.

Los médicos llaman a este cuadro “enfermedad atómica” sin comprender su naturaleza.

Hachiya describe los primeros intentos de clasificar los síntomas y buscar tratamientos paliativos.

La población muestra una mezcla de resignación, miedo y solidaridad.

Comienzan los rumores sobre “la bomba nueva” que destruye cuerpos sin tocar las casas (una confusión inicial).

21–25 de agosto – El agotamiento

El personal médico está exhausto; algunos colegas mueren por exposición previa.

Se agudiza la escasez de alimentos y medicinas.

Hachiya relata cómo los doctores improvisan curas con hierbas o agua salada.

Los cuerpos se acumulan sin poder ser enterrados con dignidad.

Reflexiona sobre la ética del deber médico: curar aunque no haya esperanza.

26–31 de agosto – Los síntomas de radiación

Se confirma que la enfermedad es consecuencia de una radiación invisible.

Observan que quienes estuvieron más cerca del hipocentro mueren antes.

Hachiya describe con detalle clínico los efectos: fiebre persistente, encías sangrantes, caída total del cabello.

Se siente culpable por sobrevivir y escribe sobre la fragilidad de la vida.

Comienza a registrar datos médicos sistemáticamente, anticipando los futuros estudios sobre la radiación.

1–10 de septiembre – Los efectos psicológicos

Los supervivientes presentan traumas mentales y emocionales: pérdida de memoria, pesadillas, ansiedad.

Se retoman lentamente algunas rutinas del hospital.

Llegan equipos médicos de otras zonas de Japón y observadores estadounidenses.

Hachiya nota la curiosidad científica de los visitantes, pero le molesta la falta de empatía ante el sufrimiento humano.

Reflexiona sobre la dignidad de los hibakusha (supervivientes de la bomba).

11–20 de septiembre – Reconstrucción y duelo

Empieza la limpieza de la ciudad, la quema de cadáveres y la búsqueda de familiares.

El hospital recibe materiales nuevos, pero las secuelas físicas y morales son profundas.

Algunos pacientes comienzan a mejorar lentamente, otros mueren por infecciones secundarias.

Hachiya escribe sobre la tristeza persistente y el valor de quienes siguen viviendo.

21–30 de septiembre – Esperanza contenida

La vida intenta reorganizarse: niños jugando, pequeños mercados, los primeros trenes.

Los médicos siguen estudiando los casos de irradiación.

Hachiya reflexiona sobre el futuro: la bomba ha cambiado la historia de la humanidad y de la medicina.

El diario termina con una nota de serenidad, sin triunfalismo, pero con esperanza en la compasión y en la ciencia.